Aun hoy, en pleno siglo XXI,
existen esclavas sexuales, reclutadas
por una mafia impune. Las historias de aquellas niñas mujeres que logran salir
del infierno llegan a nosotros dejándonos impotentes e incrédulos. Aunque eso de salir del infierno es solo una forma de decir,
creo que el horror que vivieron lo llevan dentro, impregnado en sus células, aferrado a cada centímetro de su cuerpo.
Preguntar cómo es posible
que hoy en día existan estas aberraciones es casi ingenuo. Se manejan cifras
millonarias que callan bocas y abultan bolsillos. Me duele este mundo tan
increíblemente despiadado, de mujeres abusadas, sometidas física y
mentalmente, convertidas en despojos, sin voluntad propia. Sin opción alguna.
Unas pocas se salvan, arriesgando su vida literalmente para escapar, buscando
una salida a esa vida que hace tiempo dejo de pertenecerles.
Leí el caso de una nena (hoy
ya mujer) que a los once años comenzó su calvario. Pensé en tantas otras
criaturas que no pueden contarlo, que quedaron y aun quedan atrapadas en las
redes de una araña corrupta, despiadada e impune.